Tracking
  • Track 01 — Dúo
  • Tracks 02-06 — Recollection 1-5
  • Track 07-11 — Tempi II 1-5
  • Track 12 — Dislocacíón
  • Track 13 — Escritura automática
  • Track 14 — Habilidades desconocidas
Músicos

LIMINAR:

José Manuel Alcántara (guitarra / Guitar), Jorge Amador (chelo / Cello), Alexander Bruck (viola /Viola), Carmina Escobar (voz / Voice), Diego Espinosa (percusión / Percussion), Julián Martínez (violín / Violin), Carlos Gómez Matus (piano / Piano), Antonio Rosales (clarinetes / Clarinets), Wilfrido Terrazas (flauta / Flute), Ludwig Carrasco (director invitado / Guest conductor)

Créditos
  • Productor / Producer: Ignacio Baca-Lobera
  • Coproducción / Co-production: Alejandro Colavita, Alexander Bruck
  • Organización / Organization: Omar López
  • Grabación, mezcla y / Recording, mix & master: Alejandro Colavita
  • Asistente de grabación / Recording assistant: Alejandro Saqui
  • Grabado en el auditorio “Julián Carrillo” / Radio UNAM
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Video

  1. 01 Espiral 1:21
  2. 07 Domino 3:03
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Ignacio Baca Lobera – Música de Cámara / Chamber Music

Artist :
Title : Música de Cámara / Chamber Music
Release Date : 19/08/2016
Label :
Format : CD

En los 37 años que llevamos de conocernos Nacho y yo nunca hemos intercambiado
opiniones sesudas acerca de nuestra propia música. De hecho —lo confieso— es por la
solicitud de Nacho para escribir estas notas que hasta ahora (2015) escucho con
atención sus piezas. Es claro que la amistad ha trascendido el ámbito
profesional, y que este desapego a la adustez ha resultado positivo: me
ha facilitado la escucha de los en frío y a la vez me ha
acercado a una obra que, dado mi supuesto interés por la creación
sonora Mexicana, debería conocer hace mucho. Lo que sí me ha
dificultado escribir sobre las piezas es mi arqueo-fobia por estos
falsos-libros incluidos en los CD’s. Les nombro “falsos-libros”
porque se abren mal, sus páginas apenas caben en la mano,
mis dedos tapan el texto, los tipos son diminutos, el
encuadernado no embona bien en la caja de plástico… con
estos falsos-libros me retoña la nostalgia por los márgenes
amplios, las pastas duras, el placer tipográfico, las
guardas, por el libro-objeto mismo.
Y hablando de lecturas, simbiosis y ergonomías se me
viene a la cabeza un recuerdo de pre-adolescente,
cuando leía los textos de las cajas de en el
desayuno. Eran textos prescindibles pero ¡que bien sabía
el cereal si se “leía la caja”. Había una simbiosis casi
Neandertal entre tragarse las tripas y los huesos de ese
animal lechoso y crocante si a la vez colgaba de mis manos su
piel sangrienta de cartón, tatuada con textos indescifrables
sobre sus ingredientes. O bien, ya de adolescente
escuchar un disco de vinilo y leer la caja. El vinilo es como una
obsidiana labrada que a veces me incita a microscopear un ojo y
tratar de descubrir en sus canales marcianos el misterio inescrutable
del sonido. Los textos de su caja son (a diferencia de los falsos-libros)
de tamaño gentil, me inundan, son casi topográficos, códices que se
desdoblan y huelen. En muchos casos vale más la caja que el “cereal”.
Al desempolvar estos recuerdos me doy cuenta lo bien guardadas que
están estas imágenes descoloridas. Más que mías, son las imágenes
de un Nacho jovencillo que andaba por la vida leyendo cajas de
vinilos, a la vez que devorando bestias crocantes.

Yo —escéptico— me he dedicado a devorar sólo bestias, mientras que Nacho, montado en
su música, ha logrado mantener ese sutil equilibrio entre lo escéptico y lo pragmático, lo
escrito y lo intuido, lo determinista y lo azaroso, lo improvisado y lo cartesiano, lo rockero y lo
académico. Solamente a través de este finísimo papel celofán cognitivo (que asfixia
dicotomías pero a la vez las barniza), creo comprender su obra.
Heredero indirecto de la escuela de Xenakis (pasada por el prisma freudiano de Estrada, con
su ) fue, a la vez que niño clasemediero de Las Águilas,
requintero de hoyos chilangos , acólito desmesurado de Glenn
Gould e hijo de Darmstadt. Actualmente es coleccionista de robots, admirador perpetuo de
Ligeti, padre de dos, maestro de composición de al menos 19 generaciones, ex-deglutador
de y aficionado serio a la música de aldeas perdidas. Mis notas
sobre sus piezas son muy breves (es mejor moderarse cuando
nuestro interlocutor tiene más que decir que nosotros mismos,
lección de mi madre que atesoro). Por suerte, los
quedaron ordenados cronológicamente, lo que permite una
lectura leal al tiempo: Nacho tiende a lo más intrincado, por lo
suelto y lo natural. Al parecer la experiencia le ha enseñado a
prescindir de lo superfluo y soltar lastres sin dejar de ser el
“niño malo” que creía en la
sinápsis, la sinergia y la simbiosis, y no en el consumo
indiscriminado de armoniosas y místers papas
producidos en masa.